Así que, buscando una crema facial que cumpliera algunos requisitos importantes, decidimos formular esta riquísima crema. Es ligera, se usa poca cantidad y además esta llena de ingredientes que nuestra piel agradecerá y la harán tener un brillo natural.
Para hacer esta crema necesitas:
Fase acuosa:
- 3oz Juguito de aloe
- 3,4oz agua liviana
- 0,16oz de glicerina líquida
- 0,16oz colágeno hidrolizado
Fase oleosa:
- 0,64oz aceite de jojoba
- 0,32oz BTMS-50
- 0,16oz alcohol cetílico (queremos hacerla con cera de abejas también)
Fase enfriamiento:
- 1,2 gramos Sharomix
- 0,16oz Pantenol
- 0,16oz Vit E
- 0,5ml Aceite esencial de rosas
En un beaker o contenedor resistente al calor, colocá los ingredientes de la fase oleosa; vamos a llamarla FASE A y la tapamos con plástico adhesivo. En otro beaker, colocamos los ingredientes de la fase acuosa, la FASE B, y también la tapamos.
Ahora, vamos a meter ambos recipientes en una olla con agua caliente. Es muy importante que la cantidad de agua no los vuelque, es decir, que no floten; podés medir esto antes de calentar el agua. Si tapás la olla, la temperatura subirá más rápido. Debemos llevar la mezcla a 70ºC y mantenerla ahí por 20 minutos. Este método se llama ‘calienta y sostiene’ (heat and hold), y es genial porque nos ayuda a eliminar gérmenes o posibles contaminantes, además de dejar ambas fases a la misma temperatura, lo cual es ideal para lograr una emulsión muy estable.
Una vez pasado el tiempo, sacamos los beakers con mucho cuidado (¡están muy calientes!) y vertemos la fase B en la fase A. Podés mezclar con un batidor tipo bolero o con el eléctrico. Seguimos mezclando para ayudar a bajar la temperatura hasta los 48ºC. Al alcanzar ese punto, agregamos los ingredientes de la fase de enfriamiento: el pantenol, el preservante, la vitamina E y el aceite esencial de rosas.
Dato importante: Cuando hagás productos para la cara, podés evitar las fragancias porque a veces son irritantes; nosotros agregamos apenas 0,5 ml de aceite esencial de rosas para mejorar la experiencia. ¡Y listo! Empacala en tu contenedor favorito. Tu piel estará muy agradecida, especialmente si acabás de sufrir enrojecimiento por quemaduras solares.